Hace años, cuando todavía tenía pelo (tupé y flequillo incluido) comencé a interesarme por esto de cuidar basándome en… en lugar del ya clásico, “toda la vida se ha hecho así”. Un día, en una conversación con un compañero de trabajo, el me decía… “Es que según eso, todo lo que hacemos en nuestro día a día tendríamos que cuestionarlo”.

La verdad es que le dije que sí, que tendríamos que cuestionarlo, aunque tampoco se trataba de cuestionarlo todo en un solo día… El caso es que, ¿Sabemos cuál es nuestro norte como enfermeros? ¿Cuál es la razón por la que hacemos lo que hacemos? ¿Conocemos las consecuencias que podrían tener nuestras acciones?.

Enfermera via shutterstock
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El caso del Índice de Downton

Hace unos días Antonio me pasaba un artículo publicado en la Revista de Calidad Asistencial por Aranda-Gallardo et al., titulado “Consecuencias de los errores en la traducción de cuestionarios: versión española del índice Downton”, en el que se expone, que tras la realización de una revisión sistemática, se detectó una disparidad grave en uno de los ítems de la Versión española del índice Downton respecto a la versión original, por lo que se realizó un estudio con el objetivo de determinar el impacto de este error y comparar el riesgo estimado de caídas con cada versión.

Según dicho estudio, la aplicación de la versión original de la escala redujo el número de pacientes clasificados como de «alto riesgo» de caer un 24,2%. Con la versión española de la escala, la posibilidad de ser clasificado como de «alto riesgo» de caer fue 3,3 veces mayor. Por otro lado y a tener en cuenta, ambas versiones del índice Downton mostraron escasa precisión y validez diagnóstica.

La conclusión de este estudio nos muestra que “la escala Downton, dada su poca precisión y validez diagnóstica, baja consistencia interna y el error significativo observado en su traducción al español, no es el instrumento más adecuado para evaluar el riesgo de caídas en pacientes agudos hospitalizados”.

El porqué de las cosas

Y ahora, vienen las preguntas y aquello que comentaba al principio de cuestionarlo todo (y no solo los profesionales, sino también las organizaciones), ¿Los procesos de traducción, adaptación cultural, fiabilidad y validez de instrumentos de medida deben mejorarse? ¿Por qué utilizamos este índice? ¿Cuándo comenzamos a utilizarlo? ¿Ahora que sabemos que no es el instrumento más adecuado para evaluar el riesgo en este tipo de pacientes, seguiremos utilizándolo? ¿Somos consciente de las posibles consecuencias de nuestras acciones? Básicamente, ¿Debemos cuestionar el porqué de las cosas?

Bueno, el artículo da para mucho más y te recomiendo la lectura completa (aunque no está en abierto :().

Espero tus comentarios y #alTurrón.

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